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GR-20 Corcega

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Unas notas sobre el GR20

Hay mucha información colgada en Internet acerca del GR20 pero muy poca es realmente útil para planear el viaje sin contratiempos.

Por ello nos gustaría, antes de iniciar el relato de nuestra aventura, insertar algunas notas y recomendaciones que pueden facilitar la vida del que tenga planeado realizar la travesía. Están basadas en nuestra propia experiencia y pueden ser algo subjetivas, pero esperamos que puedan al menos contribuir a mejorar vuestra experiencia corsa, que dejando de lado la perspectiva de la organización, puede ser increíble. Ahí van:

Transportes

  • Llegar a Córcega

    • Avión – Si ajustáis vuestra ida y vuelta para que sea de sábado a sábado tenéis ofertas económicas para ir directamente en avión hasta las ciudades de Ajaccio o Bastia, aunque luego tendréis que contar con un día más para desplazaros hasta/desde Conca/Calenzana (según el sentido en el que realicéis el recorrido), con su noche extra de hotel correspondiente, que ronda (salvo algún chollo difícil de encontrar) los 60 euros por persona y noche de alojamiento (sin contar comidas). Una web de consulta de vuelos es www.skyscanner.com.

    • Avión (Marsella, Cerdeña) + ferry – Suele salir algo más barato porque puedes ir hasta Porto Vecchio (si comenzáis en Conca) y hasta Bastia/Ajaccio/Calvi (si comenzáis en Calenzana) en ferry y duermes en él, así que el transporte incluye ya la noche extra como quien dice. También existe la opción de ir hasta Cerdeña y luego ferry hasta Bonifacio en caso de comenzar en Conca, pero las combinaciones de transporte público para llegar a Conca son pésimas y probablemente tendréis que pagar mucho por un taxi, porque no podéis devolver un coche de alquiler en Conca. www.aferry.com.

  • Dentro de Córcega

    • Si se trata de pocas personas, indudablemente lo más barato es el transporte público, aunque en temporada baja (Septiembre a Junio) encontraréis un solo tren y un solo autobús (en general) a primera hora de la mañana que conecte las ciudades principales (Ajaccio – Bastia – Ille Rousse – Ponte Leccia – Calvi…). Los billetes de tren cuestan aproximadamente 24 – 28 euros, y los de autobús, con mochila incluida 10 – 25 euros POR TRAYECTO, dependiendo del mismo. La página con la información más completa sobre horarios de autobús es www.corsicabus.org (aunque hay que tener muy en cuenta las fechas de viajar!!!), y sobre los trenes http://www.train-corse.com. Si perdéis ése único tren o autobús, tendréis que pasar el día y la noche en la ciudad correspondiente o buscar una alternativa.

    • Los taxis son caros. Como ejemplos,

      • Calvi – Calvi Aeropuerto cuesta 20 euros.

      • Calvi – Ajaccio cuesta unos 300 euros.

      • Calenzana – Calvi cuesta unos 70 euros.

      • Bonifacio – Conca unos 60 euros.

    • Una alternativa atractiva en este caso, si sois varios, puede ser el alquiler de un coche por un día, que puede rondar los 90 – 120 euros dejando el coche en una localidad diferente de donde lo alquilaste.

Relaciones con el Parque Natural – Hablar francés te facilitará mucho la vida, porque son bastante reacios a intentar comunicarse en otro idioma que no sea el suyo. Si les haces tres preguntas te contestarán a una, y si insistes te enviarán un correo haciéndoles ver que les molestas. Las reservas se hacen vía web en http://www.parc-corse.org, y se deben de hacer con mucha antelación, porque las plazas en cama se acaban rápido, sobre todo en refugios como Usciolu o Prati. Tienes que pagar el alojamiento en el mismo momento de hacer la reserva y solo tienes 10 días desde la fecha de factura para rectificar. No hay comunicación entre los refugios y la administración del parque, así que si has pagado y reservado no te olvides de llevar tu factura contigo, porque si no la presentas es probable que te quedes sin cama para dormir aún habiéndola pagado.

En todos tienes la posibilidad de vivaquear, llevar tu propia tienda, o dormir en tienda tipo iglú de dos plazas que ponen ellos con colchonetas que ponen ellos también.

Alojamientos privados – Aconsejamos que la reserva se haga adelantando una cantidad, aunque los propios alojamientos insistan en que no lo hagáis, o si no, estad preparados para que al llegar a vuestro destino hayan adjudicado vuestra reserva a otro grupo. Cuando hacen esto suelen ofrecer la alternativa de poneros tiendas de campaña con colchones. Muy poca formalidad, aunque creo que esto sólo ocurre en Julio y Septiembre, que al contrario de lo que se afirma en las guías, es cuando hay más gente.

Alimentación durante la travesía – En los refugios del Parque, de la comida se ocupan los guardas. No hay forma de contactar con ellos antes de llegar al refugio y si quieres cenar, en general tienes que avisar antes de las 17:30 o 18:00 para que te hagan la cena.

Una cena consistente en embutido+plato caliente+pan+postre (todo bastante malo y escaso salvo excepciones como Onda) cuesta entre 13 y 20 euros dependiendo del refugio donde pernoctes, y si quieres desayuno consistente en mermelada+pan+bebida caliente (salvo excepciones) cuesta aprox. 7 euros más. En algunos refugios tienen un “plato del día” que es el plato caliente sin embutido, sin pan y sin postre por unos 10 euros. Algunos como Manganu y Onda te ofrecen omelettes (tortillas, vamos) mondas y lirondas, por 8 euros.

Prácticamente todos los refugios disponen de cocina con gas gratis, así que una opción más barata es cocinar tú mismo, aunque puede que tengas que transportar la comida.

En el recorrido que hicimos nosotros encontramos tiendas con cosas cocinables como pasta o arroz, algo de fruta, patés, embutidos, quesos, chocolates, galletas, algún lácteo… en Col de Bavella, Zicavo y Cozzano, Col di Verdi, Vizzavona (tienen huevos duros!), Castel di Verghio, Onda, Tighjettu, Ascu.

En casi todos tienes la posibilidad de comprar bebidas frías y alguna galleta o barrita o similar.

Precios aproximados de los alimentos –

Fruta – 4 euros/Kg

Pasta – 2,5 euros/Kg

Salsa boloñesa – 2,5 euros/bote pequeño

Paté – 1,50 o 2 euros la lata

Yogures – 0,75 euros un yogur

Cocacola – 3 euros/lata

Cerveza – 4,5 euros/lata

Embutidos – 6 euros/250gr.

Ensalada de lata – 3 euros/lata

Quesos – 10 euros/200gr.

Galletas – 3,5 euros/paquete

Barritas cereales – 4 euros/paq. De 6 uds.

Dureza del recorrido, picos, Monte Cinto – Es innegable que el recorrido es duro, aunque no tanto como lo pintan. Si se está acostumbrado a caminar resulta una travesía larga, pero perfectamente superable con una buena planificación. Quince días para completarlo es más que suficiente incluyendo incursiones a las cimas más importantes, incluyendo el Monte Cinto, que requiere una jornada completa.

 

 

Y sin más, entramos en materia, día a día nuestro viaje.

30 de Agosto de 2011

Hemos cerrado finalmente el grupo y seremos pocos. Un grupo manejable, buenas noticias.

Pepe, Jesús, Merche, Arturo, Julio, Isabel D. y Esther (la que suscribe) saldremos hacia Marsella el 2 de Septiembre de madrugada. Francisco se encontrará con nosotros el mismo día sobre las 11:30 en la Estación de Tren de la SNCF de Marsella.

Una vez en Córcega en el refugio de Paliri, o durante el camino hacia allí, nos encontraremos con Sara e Isabel R.

Y a mitad de camino, en Vizzavona, Sara e Isabel R. volverán a España dispuestas a contar sus aventuras mientras Alberto se unirá al grupo con la sana intención de agregar a su equipaje algunas historias más.

Últimos preparativos: ¡Dios, lo que pesa esta mochila! ¿Cómo voy al aeropuerto? ¿Qué se me olvida? ¡Ay! ¡Que allá vamoooooosssss!!!!

2 de Septiembre de 2011

Por fin estamos en el ferry. Un madrugón para tomar dos vuelos hasta Marsella, un mini susto de última hora en el aeropuerto cuando descubro que ¡me he olvidado el DNI!, un paseo por el “Marraketch” de Marsella y su parte “europea”, el puerto viejo, sus calles sucias… Marsella no es una ciudad bonita, coincidimos todos. El bochorno nos abraza según avanzan los minutos, pero por fin llegamos a las butacas y el bendito aire acondicionado del ferry. Una biodramina atraviesa el gaznate de algún miembro de la expedición que quiere asegurarse una noche tranquila. Exploramos el ferry y un paseo por la cubierta promete una puesta de sol esplendorosa.

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Dormimos algunos en butaca y otros tirados en el suelo, sobre la moqueta, acunados por el “ronroneo” del motor. Los hay que lo encuentran estruendoso, y se dedican a buscar alternativas durante tooooda la noche. Yo ni me entero. Duermo de un tirón soñando que conduzco un Ferrari y el motor ronronea como un gatito.

3 de Septiembre de 2011

Una vez en Porto Vecchio las distancias no son tan cortas como pensaba. La parada de tren que consulté en Internet no existe (está en preparativos, aunque la describen como si existiese, un problema para el que como yo, no habla ni papa de francés), así que tras encontrar la oficina de turismo de la villa (¡por fin!), el caballero muy amablemente nos informa de que no hay lugar donde dejar el equipaje y nos facilita un mapa de una ciudad pequeña, cuyos atractivos principales son visitables en no más de una hora.

No nos recogerán hasta las 19:00, así que tenemos todo el día para no hacer nada. Preguntamos por alguna playa y nos informa de que hay playas preciosas a 8 km del pueblo. Los autobuses para llegar hasta allí no funcionan en Septiembre, así que nuestras opciones son tomar un taxi o alquilar un coche. Alquilamos el coche por 90 euros todo el día, pues lo consideramos más económico y práctico. Finalmente tres personas se quedan en la playa de’l Oro y las otras cinco vamos a visitar los acantilados de Bonifacio (a unos 20 km. de Porto Vecchio) y a chapotear brevemente en sus preciosas playas.

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Ultimando detalles del viaje, contacto por teléfono con el alojamiento de Cozzano (Bella Vista) para confirmar que vamos de camino, y solo queda por confirmar el alojamiento en Capanelle que me preocupa un poco porque, aunque tenemos reservas de más, hice las reservas por teléfono en franespanenglish chapucero allá por abril.

Comemos en Bonifacio y vamos a recoger a nuestros compañeros para volver a Porto Vecchio, donde nos recogerá la furgoneta del albergue La Tonelle, de Conca, donde pasaremos la noche.

Ya es de noche cuando llegamos al albergue y los rayos y truenos amenazan tormenta de las fuertes. Casi nos viene bien, porque si descarga hoy, es probable que la previsión para la caminata de mañana mejore. Concertamos el desayuno a las 7:45, dado que la tendencia es que empiece mal el día y vaya mejorando, y como la ruta de mañana es corta, cuanto más tarde salgamos, mejor.

Nos asignan habitaciones amplias y limpias de seis personas con baño incorporado. Echaremos de menos estos lujos el resto del viaje. Tras tirar nuestras cosas sin pasar por la ducha, vamos rápidamente a cenar. Nos sentamos en la terraza bajo los rayos y los primeros goterones salpican la vajilla y arrugan nuestras servilletas de papel. El resto de clientes empieza a trasladar las cosas de sus mesas a las del interior, y nosotros les imitamos. Una vez en el salón nos sirven una cena abundante y rica pero muuuuy lentamente. A mitad de la misma, debido a la tormenta, fallan las luces y terminamos cenando románticamente a la luz de las velas.

En el hall del local encontramos mucha información totalmente obsoleta referente al GR20.

4 de Septiembre de 2011

Conca – Paliri:

Desnivel acumulado: Positivo – 1.180m. // Negativo – 395m.

Duración incluyendo paradas: 8 h

Desayuno correcto: Croissant, mantequilla, mermelada, pan, zumo y bebida caliente.

Pepe practica su “perfecto francés” (que es español pronunciado más lentamente, en voz más alta y exagerando gestos) pidiendo tomate, aceite y sal a la camarera para echar en el pan. La camarera alucina, una actitud a la que nos acostumbraremos a lo largo de todos los desayunos y todos los camareros de la travesía. Tardamos mucho en desayunar.

Nuestras compañeras Isabel R. y Sara nos envían un mensaje para avisar de que están en el ferry camino de Bonifacio y hacemos algo de tiempo. Terminamos saliendo a las 9 despacito. Al llegar al comienzo/final de la ruta, un cartel rojo nos avisa de que hoy es peligroso transitar el GR20, creemos que debido al alto riesgo de incendio. Éste tipo de cartel será habitual al comienzo de las etapas, aunque normalmente el color amarillo nos indicará simplemente “precaución”. El sendero comienza en un bosque entre sombras y olor a tierra mojada, y enseguida comienza a subir hacia la cuerda que en algún claro alcanzamos a ver.

Justo al llegar a la Bocca dÙsciolu Pepe nos informa de que ha escuchado a dos españolas hablando con Isabel D. ¡Por fin las conocemos! Tras las presentaciones en medio del monte y las fotos pertinentes, continuamos el camino. Aunque sea una marcha corta y fácil, no debemos dormirnos en los laureles. Un paisaje lleno de rocas que parecen escaparse de los bosques y las vistas del mar, hacen menos cansadas nuestras continuas bajadas y subidas.

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Todo el día se alternan las nubes y el sol, pero en general la lluvia nos respeta. No pasamos grandes apuros y es una jornada tranquila, placentera y de conocimiento de los compañeros. El camino transcurre entre pinares que nos recuerdan el paisaje de Guadarrama, siendo visible todavía el mar desde muchos puntos del recorrido. Las marcas de pintura son abundantes y la senda muy marcada, lo que hace prácticamente imposible perderse (a menos que alteren las señales, cosa que desgraciadamente ocurre).

En esta jornada coincidimos por primera vez con varios grupos que nos acompañarán durante buena parte del camino. Un padre y su hijo, siempre animosos y sonrientes, un grupo de jóvenes franceses que van a hacer la mitad del GR, y una joven pareja formada por un chico muy flaco y su compañera que posteriormente comprobamos que, como Pepe, atraía a todos los bichos con aviesas intenciones de los alrededores. ¡Pobre!

Constatamos que lo habitual es realizar el recorrido en sentido contrario al que seguimos nosotros, es decir norte-sur.

Paramos frecuentemente para no separarnos demasiado debido a lo dispar de nuestros ritmos y tras una jornada tomada con mucha calma, llegamos al refugio de Paliri, donde conocemos al guarda friki-hippie del refugio que nos informa que vamos a cenar en la terraza, a pesar de la posible lluvia. Para nuestro alivio, nos aclara que si el tiempo no acompaña servirá la cena en una pequeña cocina que hay junto a las habitaciones.

El refugio está repleto y se compone de una construcción en estado lamentable (donde dormimos nosotros) y un edificio separado más moderno (donde vive el guarda). La letrina se encuentra detrás y la ducha, situada en una cabaña a unos 80 metros por debajo, se alimenta de las gélidas aguas de un manantial cercano.

Esperamos la cena a las 18:30 con cierta inquietud, dada la pinta de “perroflauta” del refugiero.

Puntualmente, y avisados a gritos por el guarda (debería invertir en una campana o un silbato, por su propia salud), nos acercamos a cenar. Los platos y vasos de plástico se vuelan a causa del aire pero los sujetamos como podemos: codos, cámaras, vasos llenos de agua (también de plástico)… La cena cuesta 15 euros y es un tanto cutre, pero aprovechable. Una bandera gigantesca con la efigie del indio que representa las inclinaciones independentistas de casi todos los isleños, preside nuestra cena y la música corsa salpica las cuatro rodajas de salchichón y los spaguetti con aceitunas y carne que nos sirve el guarda-hippie con su mejor sonrisa. Reconozcamos que buena intención no le falta.

Nos vamos quedando congelados así que la cena termina pronto. Corremos hacia la habitación en busca de la calidez del saco, y simplemente con cerrar la puerta y evitar el viento nos sentimos mejor. Nos animamos a coger las cartas y echar unas partidas antes de ir a la cama.

Al imaginar el desayuno a las siete de la mañana con nuestros dedos congelados alrededor de las tazas y los carámbanos colgando de nuestras narices, antes de ir a dormir acordamos que no desayunaremos allí, sino que comeremos algo ligero y saldremos camino del Col de Bavella, donde tomaremos un desayuno en condiciones. Al informar al guarda me da las gracias efusivamente.

Me sorprende este sentido comercial tan especial que tienen los corsos.

5 de Septiembre de 2011

Paliri – Asinau:

Desnivel acumulado: Positivo – 1.290m. // Negativo – 785m.

Duración incluyendo paradas: 9 h 15m

Nos levantamos a las 7:00 y salimos zumbando camino de Bavella, donde desayunamos calentitos sentados en el bar de una de los albergues que hay en el collado y hacemos gasto en la única tienda que hay recibiendo el primer sablazo que nos pilla fuera de juego. ¡Osti, qué precios!.No cabe duda de que los famosos corsarios han cambiado la aventura en los barcos por la vida de tendero.

El lugar está repleto de turistas que se mezclan con los montañeros alrededor de la estatua de Nuestra Señora de las Nieves.

Comentamos la posibilidad de dividirnos para hacer la variante alpina, o bien la normal, algo más larga pero menos espectacular. Finalmente nos decidimos todos por la variante alpina, decisión creo que acertada, pues la relación esfuerzo extra – belleza de la ruta, nos compensa con creces. Para tomar la variante nos tenemos que desviar hacia la derecha al poco de pasar el representativo montículo con la Virgen. Allí comienzan las marcas amarillas que seguiremos durante un buen tramo de la etapa de hoy.

Nos cruzamos con mucho excursionista de un día. Seguramente hacen el recorrido circular yendo por la cresta y volviendo por el valle hasta el mismo Col de Bavella.

Durante el recorrido presenciamos un rescate. ¡Qué emocionante! Una señora que va por delante de nosotros formando parte de un grupo con guía se ha torcido el tobillo (uysss!), así que el guía llama a los servicios de rescate. Un helicóptero deja junto a la persona herida a un rescatador y se va. Éste ayuda a la señora a ponerse un arnés. El helicóptero vuelve para llevarse a rescatador y rescatada. Nos cuentan los compañeros que antes de llevársela le preguntaron si iba a pagar la factura de la evacuación y ella, por supuesto, respondió afirmativamente. Me planteo ¿qué hubiese pasado si hubiese dicho que no?...

Disfrutamos al máximo de las agujas de Bavella, pasamos por una laja bastante lisa con una cadena de apoyo que uno a uno vamos superando, y nos tomamos con calma las continuas subidas y bajadas (la tónica general en Córcega). El camino alcanza su punto más alto en Bocca de U Pargulu, desde donde comienza a descender hasta llegar al fondo del valle. A continuación el camino remonta, hasta un punto donde cruza el arroyo que hay, subiendo posteriormente 200m para alcanzar el Refugio de Asinau. Hace un día espléndido y apetece aprovecharlo.

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Al llegar al refugio nos encontramos con problemas. ¡Parece que no tenemos reserva! Al enseñar la factura el guarda (un sujeto voluminoso e impasible, que en adelante será cariñosamente llamado “Troll”), cambia de opinión y conseguimos meternos todos bajo techo. Procuramos ser comprensivos con nuestro “simpático” Troll, buscando la explicación de su comportamiento en la forma de operar del Parque, que no le facilita la información de las reservas y debe asignar las camas mediante un procedimiento algo caótico.

Al pedirle desayuno para mañana “amablemente” nos informa de que no hay. Replicamos: “Pero…” – NO. “Y…” – NO. Más claro: agua.

Por fin mañana entraremos en un pueblo y podremos abastecernos, pero me planteo seriamente la posibilidad de transportar nuestro propio desayuno dada la reacción de los guardas que hemos encontrado hasta el momento.

A las 19:30 cenamos. El menú es muy pobre y la cantidad deja bastante que desear. La actitud de los que nos sirven, alucinante. De nuevo cuatro trozos de salchichón de primero y un plato de lentejas de segundo, todo por la módica suma de 18 euros/persona que para más inri, tenemos que consumir con tenedor!! Al pedir cucharas me dan una. Cuando pido nueve más se ríen de mí. Me siento en mi sitio avergonzada no sé muy bien porqué… Más tarde pedimos vinagre para (según opiniones) absorber el hierro de las lentejas y de paso que sean más engullibles. Me da miedito acercarme más veces…

Aún así, le echo valor y le pido repetir. El Troll se acerca a la mesa de al lado donde habían sobrado lentejas, y prácticamente arroja sobre nuestra mesa el bol que las contiene. Ainnsss, qué angustia, yo no le pido más ná a este tío, que lo mismo me pega…

El dormitorio tiene tres pisos de literas, lo que permite alojar a 30 personas en una habitación de no más de 10x10. Al ser los últimos en llegar nos asignan las literas más altas. Compartimos la habitación (la única que hay) con un grupo organizado de personas mayores (mayores que nosotros, quiero decir), que no parece importarles un pimiento si morimos asfixiados, así que protagonizamos trifulcas varias abriendo y cerrando la puerta según el gusto del consumidor y así pasamos la noche así de entretenidos hasta que llega la hora de levantarnos.

6 Septiembre de 2011

Asinau - Zicavo

Desnivel acumulado: Positivo – 985m. // Negativo – 1.745m.

Duración incluyendo paradas: 10h 45m

Salimos prácticamente corriendo tras comer rápidamente lo que llevamos encima con la esperanza encontrar un lugar donde comer decentemente hoy.

Para completar el abundante desayuno, una fuerte subida nada más salir del refugio que remonta la ladera posterior, llegando a un pequeño collado desde donde podemos divisar claramente el Monte Incudine. En ese punto las marcas de GR se desvían hacia la izquierda, bajando al valle. “Alguien” ha decidido introducir una nueva etapa en el GR para hacerlo pasar por las Bergeries de La Basseta y Matalza. Ahora el camino “oficial” baja hasta la vertiente opuesta y posteriormente vuelve a subir a la cuerda, lo que carece de sentido, ya que el camino original que va por la cuerda no tiene dificultad alguna.

Al contactar con anterioridad al viaje con la administración del Parque para informarnos sobre las incidencias con las que podríamos encontrarnos no se les ocurrió que ésta podía ser importante y no nos informaron. O también puede que pensasen “…que vayan por donde les decimos, leche, que para eso nos gastamos el dinero en pintura…” … El caso es que los mapas, comprados hace escasos meses, mantienen el trazado antiguo con mejores vistas que hace pasar el camino prácticamente por el mismo monte.

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Advertidos afortunadamente en el refugio de Paliri por un argentino que hacía el mismo recorrido que nosotros acerca de la modificación de las etapas, ignoramos las marcas del GR20 y nos dirigimos hacia el primer dos mil de nuestra travesía, el Incudine. Comprobamos que las anteriores marcas han sido tapadas con pintura plateada, así que durante el siguiente tramo de la etapa seguiremos el “camino de marcas plateadas” (que no deja de darle un aire al relato de cuento de hadas). Es una etapa sin grandes desniveles, con paisajes de llanos verdes y hayedos que comienzan a otoñar. Precioso, aunque algo largo y poco apetecible para los amantes de los recorridos más alpinos. Por supuesto mucho más recomendable que la opción “prefabricada” que baja al valle.

Reencontramos las marcas de GR y al llegar a la Bocca de l’Agnone comemos y al levantarnos para tomar el desvío hacia Zicavo, hace acto de presencia de un toro bravo que nos observa amenazadoramente escarbando el terreno con su pata izquierda y que nos hace darnos algo más de prisa (siempre sin perder nuestra compostura, por supuesto). Este desvío luego se bifurcará hacia la derecha para conducirnos a Cozzano, donde tenemos reserva en el albergue Bella Vista. Al hacer las reservas en abril tomamos la decisión de alojarnos en este albergue porque no disponíamos de plaza en el refugio de Usciolu, lo que nos obliga a descender de la cuerda y posteriormente volver a subir setecientos metros.

En un punto del recorrido que coincide más o menos con el desvío que deberíamos tomar hacia la derecha, encontramos marcas amarillas hacia la derecha y una fuerte marca de GR que nos indica hacia la izquierda. Sin planteárnoslo demasiado confiamos ciegamente en las marcas de GR, que, tras algunas vueltas nos llevan a las Bergeries de la Basetta. ¡Mierda! Esto no debería estar aquí… Cuando por fin, una amable pareja de señores mayores nos indica nuestra posición en el plano casi nos dan ganas de llorar.

Al final comprendemos que la etapa nueva ha sido marcada encima de las señales del desvío a Zicavo y que al seguirlas ¡hemos retrocedido! Estamos lejos de nuestro destino y muy probablemente no nos de tiempo a comprar. Nos negamos en redondo al chantaje y decidimos seguir hacia adelante sin consumir nada en La Basseta, dado que hay que pasar por Zicavo y allí seguro que encontraremos alguna tienda. La primera parte del sendero hacia allí es bastante fea, pero en el último tramo nos sorprende con castaños gigantescos y una selva llena de musgo, hayas en sombras y suelo alfombrado con sus hojas. Un sendero en el que una meiga o un duende asomando tras un árbol no nos sorprenderían lo más mínimo.

Tras una bajada que se nos hace larguísima después de tantas horas caminando, tropezamos con la carretera que seguiremos para, en un kilómetro, entrar a Zicavo. Antes de entrar a comprar, Pepe me pide que contacte con el albergue de Cozzano para intentar conseguir un transporte que nos ahorre los últimos 4 kilómetros por carretera. Isabel R., que habla francés perfecto (diferente del “perfecto francés”), averigua que el albergue Bella Vista se ha saltado la reserva a la torera (que habíamos confirmado por teléfono el día 3), y nos encontramos sin alojamiento.

Afortunadamente, en Zicavo hay varios albergues con plazas disponibles. Rápidamente nos movilizamos y terminamos alojados en el Hotel Le Tourisme y concertando la cena en la pizzería de unos parientes del dueño del hotel. Nos proporcionan a un precio razonable una habitación amplia con literas y, además de las dos duchas que hay dentro de la habitación, podemos utilizar el baño del restaurante para lavar la ropa. El lugar está limpio, tenemos agua caliente, enchufes, una buena cena… A pesar del susto y de tener 4 km suplementarios para mañana, todo ha salido bien. Sorprendentemente. Si es que somos unos máquinas…

La cena en la pizzería es muy rica, de mejor calidad y más abundante que en los refugios y más barata, y, aunque tardan una eternidad (oh sorpresa!) en servirnos y tenemos un problema con uno de los platos pedidos y no servidos, al final los dueños del local se portan muy bien con nosotros y, la mayoría, nos vamos bastante satisfechos.

7 Septiembre de 2011

Zicavo – Col di Verdi

Desnivel acumulado: Positivo – 1.630m. // Negativo – 1.080m.

Duración incluyendo paradas: 10 h 05m

Excelente desayuno: Croissant caliente, pan, mantequilla, mermelada, zumo y bebida caliente + alojamiento por 21 euros.

Siete de los participantes deciden tomar un taxi (facilitado por la amable señora del hotel, una vez más) por la “módica” cantidad de 5 euros por persona hasta Cozzano (¡son solamente 4 Km!). Los otros tres participantes decidimos realizar el recorrido andando.

En esta etapa, para no endurecerla demasiado y ahorrarnos unos 400 m. de desnivel, decidimos seguir las marcas naranjas del sendero “Mare a Mare (Centro)” hasta el collado de la Bocca di Laparo y allí enlazar el recorrido con el GR20. Los hayedos y los parajes con los ríos que los bañan llenan de rincones especiales la ascensión.

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Al llegar al collado de la Bocca de’l Agnonu (que no de Agnone, que aquí parece que todo se llama igual…) nos encontramos con los simpáticos papá e hijo, con una sonrisa deslumbrante, como en cada uno de nuestros encuentros. Nos cuentan que han pasado la noche en el refugio de Usciolu.

Comienza otra subida más intensa y más expuesta a las molestas rachas de viento que nos acompañan el día de hoy. Por fin, a la altura de la base de la Punta Capella se reencuentran los dos grupos.

Las mochilas se quedan en el camino mientras algunos miembros de la expedición hacen cumbre salvando los pocos metros que quedan, debiendo trepar en algunos lugares. Desde la cima las vistas son espectaculares con el mar a un lado, los macizos que tenemos por delante y el Refugio de Prati, hacia el que debemos dirigirnos.

De nuevo los dos los grupos se separan y uno de ellos queda comiendo a los pies de la punta, mientras que el otro grupo baja hasta el refugio de Prati a disfrutar de la excepcional e inesperada hospitalidad (teniendo en cuenta nuestra experiencia en los refugios anteriores) de la persona que regenta el refugio, y de alguna cerveza de las más baratas de la ruta (3 euros).

Tras la parada continuamos bajando hacia Col de Verde. Durante el camino hemos observado un incendio en las laderas de los montes que tenemos planeado cruzar mañana, y desde nuestra situación podemos observar los aviones arrojar agua sobre el mismo para apagarlo. Tomamos algunas fotos preguntándonos si nuestros planes para mañana de coronar el Renosu podrán llevarse a cabo.

De pronto una chica que se cruza con nosotros nos para: Nos ha oído hablar y ¡también es española! Concretamente segoviana. Nos anima diciéndonos que lo que nos queda es lo mejor y nos informa de que los problemas de reservas en los alojamientos son generales y no deben extrañarnos.

El alojamiento del Col de Verde es en realidad un camping donde se han construido unos barracones, cada uno con su propia cocina y duchas de agua caliente adosadas. El que nos corresponde tiene capacidad para unas 30 personas en literas de dos pisos. La comida y el desayuno se realizan en el bar-restaurante y para lavar la ropa se ha de utilizar la fuente del camping, que rápidamente se llena de jabón y agua sucia.

La gestión parece correr a cargo de un grupo familiar donde los que llevan la voz cantante son dos hombres con un estiloso “bigote-a-lo-Pancho Villa” (o en este caso mejor llamado “bigote-a-lo-bandido corso”). A pesar del bigote, el dueño parece ser algo más formal y al menos nos ha guardado la reserva que habíamos hecho. Deben tener alguna relación con nuestro siguiente alojamiento previsto en Capanelle llamado “U Fugone”, pues nos informa de que le han llamado para avisar que había algún problema con nuestra reserva. Llegamos a la conclusión que han entregado nuestras plazas a otro grupo, y sospechamos de un guía que ha aparecido con quince clientes. El encargado de Capanelle nos ofrece como alternativa ponernos tiendas, pero no tenemos colchonetas e incluso uno de nosotros solo lleva un saco sábana, por lo que decidimos que no nos interesa.

No tenemos más remedio que modificar de nuevo nuestro plan original, y decidimos no intentar la alternativa Renosu debido al incendio y a que la jornada de mañana se ha convertido en el doble porque llegaremos hasta Vizzavona.

Tomamos una cena algo escasa pero muy rica consistente en ensalada, chuleta de cerdo a la brasa, una especie de pastel de col, queso y mousse de chocolate. El trato del personal contrasta con la zalamería del primer momento (al informarnos del problema con la reserva de Capanelle), y al pedirle más ensalada nos entrega un poco bruscamente unos tomates recién sacados de su huerta sin molestarse siquiera en lavarlos o cortarlos. Los tomates son jugosísimos y bien ricos, debemos decir.

Al ir a abonar la factura comienzan de nuevo las zalamerías: que si una copa de vino, que si de dónde sois, que si qué bonita es España,… me recuerda a los egipcios en El Khalili, haciendo negocios. Mis sospechas se confirman cuando me presenta una factura por importe superior al acordado, así que, cuando me canso de rememorar mis escarceos por mercados árabes con regateos estúpidos, enarbolo triunfalmente el e-mail de confirmación de la reserva donde se especifica el precio por persona y, automática y un tanto dramáticamente termina la conversación con una reducción sustancial respecto a la factura original.

El grupo de alemanes con guía que sospechamos ha usurpado nuestra reserva de mañana y que se ha instalado en el mismo cobertizo que nosotros ameniza la noche con su concierto de ronquidos. ¡Yupi!

8 de Septiembre de 2011

Col di Verdi – Vizzavona

Desnivel acumulado: Positivo – 1.015m. // Negativo – 1.355m.

Duración incluyendo paradas: 10:45

No hay croissant en este albergue, aunque sí mantequilla para acompañar el pan, la mermelada y la bebida caliente, que si nos descuidamos resulta ser té para todos. Casi tenemos que pelear con el dueño del albergue para conseguir cola cao.

La etapa de hoy es una etapa dura. Habíamos previsto parar en Capanelle para, durante el día, realizar la alternativa alpina de la ruta, cuyo punto culminante es el Monte Renosu.

Debido de nuevo a la informalidad de los corsos deberemos pasar de largo de nuestro albergue y continuar hasta Vizzavona, con lo que nos limitamos a observar la cresta y el monte a nuestra izquierda durante casi todo el recorrido.

Poco después de pasar sobre la pasarela de Marmanu vemos un camino señalizado con hitos que suponemos era la entrada a la variante alpina, y que está muy cerca el incendio que habíamos presenciado el día anterior.

El paisaje es algo más monótono, aunque de vez en cuando, al rodear algún monte nos encontramos cara a cara con el mar. En alguna ocasión llegamos a ver la isla de Elba, y durante buena parte del recorrido disfrutamos de los hayedos, su humedad y su sombra. Las hayas y los pinos nos impresionan. Algunos tienen una circunferencia abarcable solo por varias personas. Pepe se dedica a abrazar a los árboles. “Ya está, se le ha ido la pinza…”- pienso – “seguro que las sustancias que le inyectan los bichos por las noches le hacen alucinar…”.

La subida más intensa es al principio, pero como es característico en Córcega y su GR20, bajamos para volver a subir en rampas más o menos pronunciadas que hacen que el altímetro nunca coincida con los cálculos sobre el papel.

Julio e Isabel D. habían salido antes, y nos extraña no encontrarnos con ellos por el camino. Pasado el refugio de Capanelle, (en el que tan solo nos abastecemos de agua para continuar caminando y pasar de largo lo más rápidamente posible para que no nos entren ganas de mentar a la madre de nadie), hacemos un alto en el camino para comer. Casi ya terminando nos alcanzan Isabel D. y Julio que parece que se habían despistado y tuvieron que desandar parte del camino hasta volver a las marcas de GR.

Llegamos por fin al Collado de Palmente, muy cercano ya a Vizzavona, y una fuente con agua helada que está bajando unos cinco minutos nos da fuerzas para continuar, aunque los últimos kilómetros se hacen interminables y no hacemos ni caso del bello bosque que bajando un poco más nos rodea.

Ya muy cerca de Vizzavona encontramos dos señales de GR20 Nord y Sud, y nos dedicamos durante unos minutos a hacer fotos chorras con ambos carteles. Hemos llegado a la parte central del recorrido.

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Por fin se resuelve la incertidumbre: ¡en el hotel I’laricci han respetado nuestra reserva! y mañana podremos dormir otra vez en este hotelito, donde se cena de maravilla y donde nos han tratado requetebién.

El hotel se compone de una parte de “habitaciones clásicas” (más caras) y de otra construcción que llaman “dortoir”, que son dormitorios comunes para seis a diez personas. Las dos únicas duchas resultan algo cutres, ya que toda la construcción es bastante antigua, pero las habitaciones son amplias. También dispone de un “servicio de lavandería”: una carga de una lavadora (que por supuesto compartimos) cuesta doce euros y te facilitan el detergente. Una ganga, cuando estás harto de congelarte las manos haciendo la colada en las fuentes/arroyos o de que tus compañeros eviten elegantemente sentarse a tu lado en la mesa si decides no lavar… Aprovechamos, por supuesto, la ocasión para comenzar el segundo tramo del GR20 bien limpitos.

Vizzavona es un pueblo pequeño, con una pequeña tienda (carísima), la estación de ferrocarril (donde te dan informaciones que resultan no ser correctas), otro albergue y un restaurante. Parece que hay un parque recreativo cercano con tirolinas e inventos varios.

Tras la cena charlamos un rato y nos despedimos antes de ir a dormir con pena de Isabel R. y Sara que terminan aquí su camino.

9 Septiembre de 2011

Vizzavona – Punta del’Oriente – Vizzavona

Desnivel acumulado: Positivo – 1.335m. // Negativo – 1.360m.

Duración incluyendo paradas: 9:30

Isabel R. y Sara toman un tren para ir a Ajaccio, desde donde volverán a España.

Ayer hicimos una etapa doble adelantando un día nuestra llegada a Vizzavona, por lo que disponemos de un día libre.

Isabel D., Julio y Pepe se quedan hoy en Vizzavona descansando y aprovechan para visitar una cueva prehistórica en las cercanías y disfrutar de la gastronomía local.

El resto queremos actividad, y sin el peso de las mochilas decidimos acometer un ascenso sencillo desde Vizzavona: Punta del’Oriente (2112m.). Salimos a las 8:30 de la mañana, oléoléolé, bien tempranito...

La teoría es que son 6 horas de trayecto ida y vuelta, pero nos lo tomamos con bastante calma, nos perdemos un poco, visitamos la Cascada del Inglés sin visitarla!, charlamos sobre zapatillas con unos señores mayores franceses que no hablan ni papa de inglés y todo esto se convierte en 9:30 horas de marcha incluyendo los descansos.

Comenzamos la jornada entre hayas y pinos laricios siendo testigos de su particular duelo para alcanzar la luz por encima del contrario. Estamos en las cercanías de la Cascada del Inglés, y casi sin darnos cuenta la pasamos de largo. Pasarela y bar tan caro como todo en Córcega junto a una poza muy apetecible. Un poco más arriba una bifurcación: GR20 a la derecha que sube por el valle hacia Refugio d’Onda (lo dejamos para mañana), y a la izquierda sendero que nos conduce, pasando por un fortín derruido, hasta el Col de Vizzavona, desde donde iniciamos el ascenso implacable hacia la Punta que es nuestro objetivo.

Vamos dejando el bosque y nos encontramos en medio del campo un reluciente fregadero con un grifo bien hermoso junto a unas granjas bastante cutres. Mientras Arturo sigue la manguera que lo alimenta para averiguar su origen, yo me salto cualquier precaución y bebo agua a mansalva, viendo el erial que tenemos por encima hasta el pico. Afortunadamente, parece que si el agua tiene algún efecto pernicioso tardará en aparecer.

Subimos torrándonos con la solanera y a unos doscientos metros de la cima nos sentamos sobre unas piedras para tomar agua y una barrita energética.

Al mirar de nuevo arriba, con cada bocado y cada sorbo de agua, la cima va pareciendo más y más asequible. Un sendero nos lleva por la parte derecha de la cresta, pero nos convencemos de que debemos intentar el ascenso por la izquierda. Arturo y Merche se dan la vuelta para tomar el sendero por el otro lado mientras Francisco, Jesús y yo, nos dedicamos a escalar cual cabras españolas en islas extranjeras, para llegar al otro lado de la cresta. Un poco de trepadita y llegamos a una cumbre. ¿Será esta? Paseamos la banderita por el resto de los picos y aseguramos: una foto en cada cumbre, que con esto de la era digital, son gratis.

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Nos planteamos volver caminando por toda la cresta hasta la Boca di Palmente, por la que pasamos el día anterior, y variar el recorrido tomando el desvío de la izquierda hacia el Col de Vizzavona (en lugar del de la derecha de ayer). El descenso es meteórico. Todos queremos llegar a tiempo de comprar.

Ha hecho mucho calor todo el día pero la ducha puede esperar porque tenemos que asegurarnos de tener provisiones para los siguientes días.

El usurero de la tienda nos sonríe al darnos el cambio, no es para menos, pues los precios, en consonancia con los del Collado de Bavella, son absolutamente disparatados. En mi opinión se ríe de nosotros, pobres pardillos.

Al salir de la tienda nos encontramos con Alberto, que ha llegado en un autobús y se acaba de encontrar con Pepe. Nos sentamos a disfrutar de unos panchitos y unas cervezas mientras hacemos tiempo para que llegue la cena e intercambiamos anécdotas. Hacemos planes para mañana, y decidimos ir todos por la alternativa del GR20 original en lugar de tomar la alternativa de la izquierda, para darnos la oportunidad de dejar de lado el Monte d’Oro si nos encontramos demasiado cansados. Nos espera una jornada tremenda mañana, así que nos esmeramos durante la cena en abastecer de calorías nuestros cuerpos. Mañana volveremos a cargar nuestras mochilas con el peso añadido de la comida para varios días.

Por último, echamos un vistazo a nuestro correo y las noticias con la poca cobertura wifi de la que disponemos, unas últimas charlas y corremos a la cama a descansar para el día siguiente.

10 de Septiembre de 2011

Vizzavona – Monte del’Oro – Onda

Desnivel acumulado: Positivo – 1.560m. // Negativo – 1.085m.

Duración incluyendo paradas: 9:35

Empezamos el día como el anterior, por el bosque camino de la Cascada del Inglés. La subida es intensa al principio pero los árboles nos protegen del sol. Algunos aprovechamos una poza profundísima junto a una pequeña cascada para darnos un baño súper refrescante aunque algo estruendoso (debido a los gritos de Jesús) y continuamos el ascenso que en pocos minutos se convierte en una subida implacable bajo un sol abrasador.

A la mitad de la subida nos encontramos un pequeño arroyo donde recargamos agua, porque prevemos que el día será largo. Subimos con mucho esfuerzo, así que cuando llegamos al desvío para subir al Monte de’l Oro, la perspectiva de dejar las mochilas se hace muy apetecible.

Sacamos las cosas de valor y el agua y abandonamos las mochilas tras unos matorrales medio escondidas. Sin peso la subida hacia el Monte de’l Oro ahora es mucho más rápida. Volamos prácticamente en las partes fáciles y, a pesar del sol implacable, las pequeñas trepaditas se hacen apetecibles como contrapunto al paso monótono con la mochila a cuestas. Una vez en la cima, las fotos de rigor con la bandera del club en uno de los montes insignia de las montañas corsas.

Ahora nos queda recoger la mochila y continuar subiendo hasta el collado desde el que podremos ver a lo lejos el refugio de l’Onda. El camino nos desconcierta, por que esperábamos llegar al collado enseguida, sin embargo el camino llanea bastante hasta alcanzar un pequeño colladito situado mucho más a la izquierda de lo que inicialmente habíamos pensado.

Desde el collado divisamos ya la granja que está junto al refugio, y ya no nos queda más que bajar por una loma, lo que nos lleva unas dos horas y media.

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En el refugio nos encontramos con otra española (de Santander) que nos informa de que las tiendas son estupendas y que los bichos que han picado a Pepe son unas arañas que viven en la madera. Sin pensarlo dos veces, Pepe decide dormir en tienda renunciando a su plaza en este refugio y en los siguientes para evitar que los bichos le sigan acribillando.

El refugio, que es pequeño y limpio, cuenta con un dormitorio común, una cocina bastante moderna y amplia y una pequeña cabaña con una ducha y una letrina a pocos metros. Está más elevado que la granja, donde nos servirán la cena y donde están la tienda, el recinto de las tiendas de campaña (un antiguo corral) y un pequeño edificio con dos duchas. El comedor es un chamizo bastante precario adosado a la granja.

Nos aseamos un poco, algunos con agua caliente (cuesta 2 euros) y otros (como atestiguan de nuevo los gritos de Jesús), con agua fría. Esta noche el refugio no está completo, por lo que podemos dejar nuestras cosas y dormir con una cierta amplitud.

Mis compañeros juegan a las cartas mientras esperamos el segundo turno de la cena a las 19:30.

Las 19:30 se convierten en las 20:15 como sieeeempre con los corsos que tardan una eternidad en servir la cena del grupo anterior y luego tienen que lavar los platos. Nos ponen sopa de primero, de segundo una lasagna de varios pisos que alimenta solo con verla y una manzana. Cena abundante y rica. Desde esta noche, Onda se convertirá en “el-refugio de-la-lasagna”. Aún a riesgo de parecer machista, he de decir que se nota la presencia de una mujer en la cocina.

Al salir de la bergerie, es noche cerrada. Tenemos que subir hasta el refugio haciendo uso de los frontales, salvo Pepe, que dormirá en su tienda.

Al llegar al refugio resulta que un francés ha quitado dos de nuestros sacos de donde estaban y los ha puesto en otras camas, para ponerse él y un amigo suyo que no aparece en toda la noche y nos hace pensar que puede ser imaginario.

11 de Septiembre de 2011

Onda – Manganu

Desnivel acumulado: Positivo – 1415m. // Negativo – 1215m.

Duración incluyendo paradas: 9:30

El desayuno a 7 euros incluye mantequilla, mermelada, pan, y bebida caliente. Solo la bebida cuesta 3 euros.

Nos levantamos para tomar nuestro desayuno a las 7:00. Jesús y yo nos evitamos los 25m. hasta las bergeries donde cenamos anoche, pero el resto se acercan allí. También se levanta y desayuna el francés del amigo imaginario. Es un tío raro…

La etapa que nos espera hoy es muy dura. Todos estamos concienciados, pero nada más empezar, 500m. así, tooorrrectoparriba nos lo recuerdan. En medio de la cuesta me cruzo con el francés pirado y me sonríe y yo le sonrío brevemente y corro hacia arriba como alma que lleva el diablo mientras pienso “…que no me coja, que no me coja…”

Hay que reconocer que cuando llegamos al cresterío hemos calentado. Las vistas son impresionantes y el camino en sí precioso. Hace calor, y Francisco decide en algún punto correr en plan Tarzán sin camiseta. Mucho más “ventilado” que el resto, nos adelanta levantando el polvo a su paso. Crestas alternadas con llanos, cuestas arriba y abajo (¡estamos en Córcega!). Cuando llegamos al refugio de Pietra Piana y comemos algo y bebemos agua son las 12:00. Es necesario hidratarse bien para enfrentarnos a los siguientes metros que Pepe, Francisco y yo nos merendamos con la sana intención de llegar con tiempo suficiente de avisar en el siguiente refugio de que seremos 9 a cenar. A pesar de la prisa, no podemos evitar pararnos a disfrutar del paisaje y hacer algunas fotos a los lagos que tenemos el privilegio de admirar. Se nos escapan las ganas de hacer alguna punta que se antoja interesante junto a la que pasamos, pero el tiempo apremia. Al llegar a la Bocca Alle Porta hacemos una breve parada y yo salgo disparada hacia abajo, seguida de cerca por Francisco mientras Pepe se queda esperando al resto admirando el paisaje.

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Francisco y yo llegamos justo a tiempo de encargar la cena y darnos un baño en una de las pozas. El resto llegan algo más tarde, casi justo a tiempo de cenar una olla completa de macarrones al pesto. Este refugio es algo más barato, 13 euros el menú, pero solo nos dan los macarrones, macedonia de frutas y un trocito de pan algo ridículo. Al menos la olla nos da para repetir varias veces.

Junto al refugio hay un potro loco que de vez en cuando se da alguna carrera y asusta al personal. En cuanto se hace de noche bajan las temperaturas vertiginosamente y se agradece tener un techo bajo el que cobijarse.

12 de Septiembre de 2011

Manganu – Col di Verghio

Desnivel acumulado: Positivo – 440m. // Negativo – 640m.

Duración incluyendo paradas: 7:00

Desayuno por 7 euros que incluye la bebida caliente, compota, mermelada y pan. Nada de mantequilla.

Parece que los bichos han respetado a Pepe esta noche a pesar de dormir dentro del refugio. La ruta de hoy es corta y fácil y todos nos retrasamos más de lo previsto en comenzar a caminar. Nos tomamos las paradas con mayor lasitud y la marcha en general también. Paramos en la fuente a disfrutar del paisaje bucólico en el Lago de Ninu con los caballos que podrían ser Apaloosa, algunas vacas flacas y las aguas fangosas del lago que claramente se cubre de nieve y hielo durante el invierno y que ahora es tan frecuentado por los senderistas sobre todo franceses que copan y usurpan los refugios y albergues reservados por nosotros (sin rencor, ¿eh?).

Pepe y Arturo se enfrentan al gran reto de la travesía: una cima poco conocida y apenas valorada apodada por nosotros “Corsica Chinchetu”. En la foto encontramos a nuestros aguerridos montañeros posando junto a su gran logro. Permitidme aclarar que el “Chinchetu” es el montículo de detrás, no el que vemos a la derecha de nuestros compañeros, aunque se evidencia que la diferencia de altura no será de muchos metros. No obstante, es indudable que el de la derecha tiene mayor dificultad técnica debido a lo descompuesto de la roca. Quizá por eso decidieron dejarlo para otra ocasión.

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Llegamos sobre las 15:00 a Castel di Verghio, una estación de esquí con instalaciones modernas que incluyen un hotel y un edificio próximo con habitaciones con literas y baño incorporado con agua caliente. También dispone de una tienda bien surtida, aunque con los astronómicos precios habituales y de una lavadora y una secadora que funcionan con fichas. Una carga de lavadora (incluyendo el detergente) son cinco euros y la secadora dos.

Hoy disponemos de mucho tiempo para relajarnos, comer helados, beber cervezas o refrescos, jugar a las cartas, leer, estirar, lavar, y estudiar la ruta del día siguiente mientras esperamos a la cena que nos servirán a las 19:00, tras la cual miraremos un rato las estrellas (si nos lo permiten las nubes que nos han amenazado en las últimas horas del recorrido) y después iremos de cabeza a nuestra cama con sábanas limpias y manta por primera vez desde que llegamos de Madrid.

La cena es espléndida: sopa, carne con patatas y verduras y tarta de manzana con nata e hilo de frambuesa. Es el alojamiento más caro de la travesía: 42 euros la media pensión, pero pagamos encantados.

13 de Septiembre de 2011

Col di Verghio – Paglia Orba – Tighjettu

Desnivel acumulado: Positivo – 1660m. // Negativo – 1390m.

Duración incluyendo paradas: 10

El desayuno riquísimo: pan, croissant, mantequilla, mermelada, bebida caliente y zumo.

Salimos del Castel di Verghio renovados, con muchas fuerzas y planteándonos añadir un extra a la ruta no muy dura prevista para hoy. Dos de los componentes de la expedición deciden tomárselo también de relax y marchan directamente al refugio Tighjettu sin pasar por el refugio Ciottulu di i Mori, desde el que el resto acometeremos la ascensión a uno de los picos más altos de la isla: el Paglia Orba.

La marcha comienza entre pinos inmensos que se alternan con las pedreras impresionantes mientras cruzamos varias veces el río Golo que transcurre por el valle por el que ascendemos gradualmente. Algunas pozas invitan al baño y Francisco y Jesús aceptan gustosos la invitación. Mientras el resto continúa disfrutando de las vistas y los melódicos cantos de los pájaros… ¡uy!, menudo pajarraco… ¡ah, no! ¡que es Jesús gritando al meterse en el agua fría!... El “canto” de Jesús hace eco en las paredes del barranco y nos hace sonreír.

Más adelante, el GR20 gira hacia la izquierda de una forma un poco inexplicable. Yo en solitario tomo el atajo que conduce directamente hacia el refugio, pero los compañeros que toman la alteración de la ruta me dan la explicación del giro inesperado. Desde la cima del collado se pueden presenciar unas vistas impresionantes de la costa Oeste. Yo en cambio, por el valle, solo veo piedras y más piedras, aunque adelanto unos 15 minutos de tiempo.

El refugiero de Ciettulu nos dice que podemos dejar las mochilas en el refugio y, cargando con lo indispensable nos animamos a subir el Paglia Orba. Son las 11:00 cuando nos reunimos todos y comenzamos a subir. Los primeros metros nos introducen en un pedregal de roca morada que nos recuerda a algún paisaje volcánico. Los hitos se siguen perfectamente, hasta que en cierto momento nos llevan por una chimenea que parece difícil de superar de lejos. Una vez nos acercamos comprobamos que disponemos de una cuerda a la que agarrarnos en caso de tener miedo. La bajada será algo más difícil. Superado el paso, Alberto, Francisco y yo nos desviamos a la izquierda y terminamos coronando la antecima del Paglia. Desde allí vemos que Merche, Arturo, Pepe y Jesús han llegado a la verdadera cima. Nos hacemos unas fotos y bajamos hasta la bifurcación para subir a su encuentro. Las vistas son impresionantes. Hacemos fotos con la bandera y nos apresuramos en la bajada. Son apenas las 13:40 cuando llegamos de nuevo al refugio. Si es que estamos más fuertes que el vinagre de nuestras lentejas de cada noche…

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 Comemos rápidamente y muy animados por nuestra reciente conquista. Nos queda la mitad de la ruta. Subimos desde el refugio hasta el collado y a partir de allí comienza una bajada bastante incómoda. Fuerte pendiente, roca lavada, piedras sueltas… Bastante molesta para lo que llevábamos ya de día. Nos cruzamos con el grupo de la guía alemana con el que hemos coincidido con anterioridad, que nos comenta que ellos se quedarán en las Bergeries de Vallone. Continuamos llaneando a través de un bosque de pino laricio con ejemplares centenarios y finalmente, poco a poco comenzamos a subir los metros que nos quedan hasta nuestro refugio.

En las Bergeries de Vallone, hacemos una pequeña parada para beber agua, pero aún nos quedan doscientos metros hasta nuestro refugio. En media hora más llegamos arriba. El refugiero es bastante peculiar y nos ofrece una guitarra española como españoles que somos. Topicazo al canto.

En esta ocasión no hacemos el canelo, y elegimos tomar el plato del día por 10 euros, mucho más barato que los 20 euros de menú que simplemente incluiría un poco de charcutería (las cuatro consabidas rodajas de salchichón).

Nos compramos una ensalada de lata para complementar las lentejas (con su vinagre correspondiente) de esta noche, y aprovechamos, como todas las jornadas, para lavarnos un poco, lavar la ropa, estirar los músculos, observar el paisaje y esperar pacientemente a la merecidísima cena de hoy.

Cenamos, jugamos a las cartas bajo una bolsa de agua que cuelga sobre nuestra mesa amenazadoramente y cuya función nadie consigue explicar, y al salir a lavarnos los dientes, el paisaje, bajo la luna llena, impresiona.

De vez en cuando una ráfaga de aire fétido procedente de las letrinas rompe un poco el encanto, pero si solo hacemos caso de la luz sobre las piedras y el valle al fondo, y del silencio roto en pocas ocasiones por los escasos campistas que quedan despiertos, nos queda un rato especial más por el que vale la pena haber hecho un viaje tan largo.

14 de Septiembre de 2011

Tighjettu – Ascu

Desnivel acumulado: Positivo – 740m. // Negativo – 1000m.

Duración incluyendo paradas: 5:50

Desayuno de 7 euros compuesto por mermelada, galleta típica, pan y bebida caliente y un adiós jazzero al refugio de Tighjettu. Casi bailamos en lugar de andar con las notas musicales que emanan del refugio y acompañan nuestros primeros pasos.

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 Comenzamos la subida intensísima, en ocasiones necesitamos ayudarnos con las manos hasta la Bocca Minuta. Subimos más deprisa que cualquiera del resto de los grupos, pero algo más despacio de lo que es habitual en nosotros. Con mucho esfuerzo llegamos al principio del impresionante Circo de la Soledad, que se puede calificar de todo menos solitario. La bajada con cadenas e incluso con alguna escalera no es incómoda, aunque puede poner nervioso a algún compañero con miedo a la altura. En realidad las cadenas no parecen necesarias, pero como todo el mundo pasa por el mismo sitio la roca está un poco pulida y resbalosa y seguro que en días de lluvia sí se hacen imprescindibles.

A lo lejos, a la derecha, observamos grupos de gente que ha subido por una canal que parece un tanto imposible, y tras un rato nos damos cuenta de que es precisamente por allí por donde tenemos que subir.

 

Confiamos en que una vez allí será más fácil de lo que parece y efectivamente, así es. Todos salvamos los pasos con más o menos apuros adelantando a algún grupo incluso y al llegar a la Bocca Tumaginesca estamos exultantes. Esperamos a los últimos, y comenzamos la bajada por el “Cirque du Soleil”, como rebautizamos el paseo por el valle hasta Haut Ascu debido al sol que nos abrasa. Afortunadamente pronto llegamos a una zona de pinar, donde nos resguardamos de la sombra y hacemos algunas fotos a los ejemplares más característicos. En poco tiempo avistamos las casas de Haut Ascu, así que decidimos comer directamente en nuestro destino. Es un lugar “civilizado”, con su tienda de comestibles cara como todo y repleta en todo momento (¡menudo negocio!), y el hotel Le Chalet, que ofrece cenas a 18 euros y desayunos a 8.

En el albergue coincidimos con Albert, un tarraconense que está haciendo la travesía en dirección sur en solitario. Intercambiamos información y experiencias y se une a nosotros durante la riquísima cena que tomamos en el hotel Le Chalet. Como siempre taaaaardan en servirnos una eternidad, pero ya nos vamos acostumbrando.

También coincidimos con Mikel y dos compañeros más (que conocemos de Madrid), que han venido cinco días y que tienen planeado subir el Cinto.

Mañana “doblamos etapa” y decidimos acostarnos temprano, no sin antes escuchar las anécdotas de italianos robando camas a Mikel y sus compañeros.

Cuando llego a mi habitación descubro con desagrado que a mí me ha ocurrido lo mismo: un impresentable montañero de pacotilla ha cogido las cosas que había dejado yo sobre mi cama y las ha dejado en el suelo, adueñándose de mi catre. Muy poco caritativamente, le deseo en mi fuero interno que la cama estuviese plagada de chinches y le hayan acribillado a picaduras.

Los que sí han padecido las chinches han sido nuestros pobres compañeros de la habitación contigua. Jesús se despierta en varias ocasiones y, entre blasfemias mata algún que otro bicho repleto de sangre que queda embadurnando la pared como un extraño cuadro cubista.

15 de Septiembre de 2011

Ascu – Ortu

Desnivel acumulado: Positivo – 1685m. // Negativo – 1610m.

Duración incluyendo paradas: 10:40

Desayunamos en el comedor inmenso del refugio lo que habíamos comprado el día anterior y salimos del refugio huyendo de las chinches como alma que lleva el diablo. Pero no podemos correr muy deprisa, porque en el mismo momento de salir del refugio comienza la subida intensísima. Hasta la Bocca di Stagnu subimos 600 metros como motos, aprovechando que el sol aún no ha hecho su aparición.

Durante casi toda la subida cantamos alegres cancioncillas: “Y el de en medio de los chincheees…, se m’aparecío en sueñoooos…”, o: “chinche aquí y chinche allá, aplástala, aplástala…”, mientras el guía jovencito alemán que conocemos de días anteriores nos adelanta con soltura, nos mira como si estuviésemos locos y nos vuelve a pasar de vuelta para recoger, suponemos, a sus guiados.

Al llegar al collado da la impresión de que empezaremos a bajar, pero en lugar de eso descendemos apenas unos metros para luego recuperarlos y faldear hasta la Bocca de Muvrela, donde comienza realmente la bajada, que en algunos tramos cuenta con cadenas y cables completamente innecesarios salvo en caso de lluvia, y que finaliza con la pasarela de Spasimata, que salva el arroyo de nombre (curiosamente) Spasimata justo sobre una poza muy apetecible pero poco accesible. Durante todo el trayecto por el valle escuchamos los aullidos lastimeros de un perro, y el trayecto se siente un tanto tétrico.

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Superada la pasarela, unos pocos metros más de subida con los últimos cables y nos encontramos un conciso cartel que nos ofrece la variante de escape para bajar a Bonifatu y nos indica que el refugio de Carozzu está a 50m.

En Carozzu comemos algo muy rápidamente y salimos zumbando, que seguro que las chinches de éste refugio ya han olido la carne fresca de Pepe que resulta al parecer tan apetecible para todo tipo de insectos.

De nuevo comenzamos con una subida de 700m. pero esta vez con un sol de justicia a nuestra espalda. Al principio una incómoda pedrera. Poco a poco vamos alcanzando nuestro siguiente objetivo, la Bocca Carozzu, desde donde que se divisa el cresterío y el punto lejanísimo al que tenemos que llegar para comenzar a bajar los metros que nos quedan. A por ello, pues. El cresterío es entretenido, con pasos en los que debes olvidar tus bastones y usar las manos, y termina con una subida no muy intensa pero completamente expuesta al sol abrasador.

Completamos también la subida y aprovechamos para hacer otra parada en la Bocca Picaia, junto a la Punta Ladroncellu (que efímeramente nos planteamos subir). Son las 15:10 cuando los compañeros que han llegado los primeros recogen sus macutos y comienzan el descenso.

Se nota el cansancio en las piernas y la fatiga de las rodillas y la bajada, que en otras circunstancias hubiese resultado disfrutona, se convierte en una especie de penitencia. Está siendo una etapa muy larga. En un punto el GR se desvía un poco hacia la izquierda para pasar por una fuente que resulta estar seca. Cuando conseguimos bajar hasta el fondo del valle encontramos un manantial del que nos aprovechamos para coger agua fresquita, de esa que empaña las botellas y nos anima a continuar andando. Solo nos quedan por subir ciento cincuenta metrillos, así que nos ponemos a ello y llegamos en seguida al siguiente collado desde el que se puede ver el refugio en el que por fin descansaremos. Las ansias por llegar hacen que aceleremos un poco el paso. Los últimos participantes llegamos al refugio a las 18:00. La cena es a las 18:30, así que apenas tenemos tiempo de dejar la mochila y estirarnos un poco.

Cenamos de primero sopa y de segundo… ¡lentejas! (por supuesto, pedimos el vinagre con las consabidas dificultades). El postre es un bizcocho de pasas (rico) y otro de chocolate (algo seco) que también tomaremos de desayuno.

Justo al terminar de cenar el espectáculo comienza. El atardecer violento y absolutamente conmovedor llena el ambiente. El mar a lo lejos, los rojos y anaranjados… Realmente espectacular el colofón para nuestra última noche en el GR20.

Algunos juegan a las cartas y otros juegan al ajedrez, pero todos nos vamos pronto a la cama, no sin antes salir cinco minutos a disfrutar de las estrellas, pues el camino mañana deberá comenzar bien pronto para llegar a Calvi a tiempo de tomar el tren en dirección a Ajaccio a las 15:55.

16 de Septiembre de 2011

Ortu - Calenzana

Desnivel acumulado: Positivo – 200m. // Negativo – 1410m.

Duración incluyendo paradas: 3:45

Aún no ha amanecido cuando nos levantamos. Desayunamos rápidamente y salimos con las primeras luces. Para una astigmática como yo con pocas pilas en su frontal, la penumbra puede resultar cuanto menos dolorosa a base de tropezones. Decido tomármelo con calma. Mis compañeros son más rápidos, y pronto les pierdo de vista y disfruto de los últimos kilómetros del GR20 en soledad. Llego a la Bocca de Tartagine, desde la que se puede apreciar el mar al fondo con los colores del amanecer impregnando las nubes que lo cubren y los pequeños pueblecitos de la costa.

Antes de la bajada final, una taza más de Córcega: subidas y bajadas breves y accidentadas, y en algunos puntos los descensos muy verticales por roca cubierta de gravilla resultan un poco delicados. En este tramo encontramos la última cadena “de apoyo” de la ruta, la primera para los que comienzan.

Durante la mañana nos cruzamos con muchos caminantes que comienzan hoy su GR20 en sentido Sur. Son fácilmente reconocibles por el olor a limpio y las ropas relucientes que presentan. A nosotros nos visten la roña del camino, el olor a humanidad, y por supuesto, los paisajes y el orgullo de la superación personal que sabemos les esperan a ellos.

Los últimos kilómetros son algo aburridos y aceleramos para conseguir un taxi que nos lleve lo antes posible a Calvi.

En algo más de tres horas avistamos el blanco impoluto del campanario de Calenzana, y unos minutos más tarde las primeras casas y el suelo empedrado nos confirman que hemos llegado al pueblo. Por fin, un cartel de madera anuncia las rutas posibles: Tra Mare e Monti, y Fra li Monti, éste último es nuestro GR20 ¡COMPLETADO!.

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Unos simpáticos alemanes nos hacen unas fotos de grupo con el cartel de fondo y corremos al primer bar que encontramos a tomar una coca cola / cerveza mientras esperamos a los taxis, con los que hemos quedado a las 12:00.

En el camino a Calvi, el taxista escucha nuestra conversación y nos informa de que no hay trenes por la tarde hacia Ajaccio, cosa que constatamos una vez en la estación de tren. Ni autobús, ni tren, ni nada que nos transporte, salvo la imaginación. Los taxistas nos cobran la friolera de 300 euros por taxi para ir hasta allá, así que decidimos tirar de alquiler de coches de nuevo, y, tras comer, nos acercamos al aeropuerto para recogerlos.

Atravesamos la isla en nuestro coche de alquiler camino de Ajaccio. Vamos avistando en dos horas los puntos principales por los que hemos pasado, y al pasar por Vizzavona no puedo evitar pensar en lo poco que nos ha costado llegar en coche, en comparación con los días enteros que hemos invertido en hacer el mismo camino andando. Atravesamos en un segundo el pueblo con una mezcla de un poquito de rabia y un mucho de orgullo.

Llegamos al hotel-apartamento (en el que sí han respetado la reserva afortunadamente) y cocinamos y comemos la cena que hemos comprado apresuradamente de camino.

Mañana no estamos obligados a madrugar, así que algunos se van a dar un paseo, otros ven un rato la tele, y poco a poco el sueño nos va ganando.

La terraza de nuestra habitación da directamente a las luces de la bahía de Ajaccio. Se reflejan sobre el mar, y está precioso. Intento recuperar momentos de la travesía y tras unos minutos, el sueño también me vence. Me voy a mi cama con sábanas de verdad y sueño con montañotes y pinos laricios y vistas del mar, y hayas gigantescas, y me sueño trepando por piedras de color morado… ¡Uy si no es un sueño! Es un recuerdo…