| Índice |
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| La tormenta y los rayos |
| El calor |
| La altitud |
| El frío |
| Las congelaciones |
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En la montaña las tormentas son relativamente frecuentes. Son igualmente más inesperadas, más violentas y más peligrosas que en las llanuras. La tormenta normalmente se anuncia con golpes de viento junto con corrientes ascendentes muy fuertes. Va acompañada de chubascos fuertes, de nieve o de granizo, así como de un descenso de temperatura. Las turbulencias creadas por los cúmulos nimbos, nube generadora de las tormentas, se pueden notar hasta distancias de más de 20 Km. de éstas.
Los rayos son el mayor peligro: es muy difícil, en caso de impacto, disminuir el riesgo y la probabilidad de sobrevivir cuando se es alcanzado es mínima. Las características eléctricas de los rayos son impresionantes: altas temperaturas (de 8000 a 30 000 ºC), altas tensiones (de 10 a 100 millones de voltios), fuertes intensidades (25 000 amperios), tiempo de contacto muy breve (1/1 000 a 1/10 000 de segundo).
Algunos consejos preventivos
Evitar las crestas.
Si se es sorprendido en una cima, descender lo máximo lo más rápidamente posible evitando avanzar por las aristas de la montaña.
Alejarse de todos los objetos metálicos (piolets, crampones, mosquetones, pitones, bastones telescópicos, etc.).
No pararse bajo los árboles y las rocas sobre todo si son elementos aislados, ni bajo desplomes o bajo todo aquello que pueda ser conductor (como agua que chorrea a lo largo de una pared).
Sentarse en el suelo, ya que el rayo es atraído por todo aquello que sobresale (un árbol, un pico o una persona de pie). No estirarse ni apoyarse en una pared.
Aislarse al máximo de las rocas y el suelo mediante cualquier material aislante: cuerda, saco de dormir o la mochila con el armazón puesto sobre el suelo; es preferible que estos objetos estén secos.
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Aunque es agradable para cualquier salida en la montaña, el buen tiempo duradero o un aumento de la temperatura presentan algunos peligros inesperados.
Las piedras encajadas en el hielo pueden ser liberadas y su caída ser frecuente.
La nieve funde más rápidamente, particularmente en los neveros, en los corredores y sobre las vertientes expuestas al sol, lo que puede originar coladas de nieve o aludes de fusión, así como la debilitación o desaparición de los puentes de nieve sobre las grietas o los torrentes.
En las personas, el calor puede generar, en orden creciente de gravedad, desde calambres o insolación hasta un “golpe de calor”.
Los calambres de calor
Los calambres de calor aparecen en el transcurso de un esfuerzo físico intenso y prolongado. Son debidos a las pérdidas importantes de sodio y cloro mediante el sudor. Si estas pérdidas no se compensan con la absorción de bebidas ligeramente saladas, pueden conducir a un estado de agotamiento.
La insolación
La insolación es consecuencia de la exposición a una temperatura elevada y a los rayos solares y surge indistintamente en reposo o durante un esfuerzo. Dolores de cabeza, vértigos, fatiga extrema, pérdida del apetito y sudor frío son los principales síntomas. La temperatura corporal del individuo es generalmente normal o un poco elevada.
La hipertermia de esfuerzo o golpe de calor
El “golpe de calor”, terminología falsamente tranquilizadora, es un trastorno importante debido al calor y constituye una urgencia médica muy grave. Más que la exposición directa al sol, son las condiciones meteorológicas y la naturaleza del terreno los factores que ejercen un papel determinante. El golpe de calor sobreviene a consecuencia de un ejercicio muscular intenso y prolongado. La producción de calor que resulta, asociada a una fuerte carga térmica ambiental ligada a la temperatura del aire y la insolación, sobrepasa la capacidad de disipación de calor por el cuerpo humano. A ello se añade el hecho de que la sudoración está entorpecida, incluso eliminada por la eventual humedad ambiental, la ausencia de viento y el hecho de llevar ropa que impidan la eliminación de la transpiración. Algunos factores ligados al individuo en concreto, como los antecedentes médicos, la edad, la falta de entrenamiento o de aclimatación también contribuyen a que se produzca el “golpe de calor”.
El caso típico es el que se produce en la progresión por una nava o un valle encajado, poco o nada ventilados, eventualmente nevados, lo que provoca una reflexión máxima del sol en un ambiente húmedo próximo a la saturación (80 ó 90 por ciento de humedad relativa). Suele empezar como una insolación banal pero muy rápidamente la situación se agrava. El paso es vacilante; a los problemas en el comportamiento le sucede un estado comatoso y la temperatura del individuo se eleva, pudiendo superar los 40 ºC. El hecho que llama más la atención es que la víctima no presenta durante la mayor parte del tiempo ninguna sudoración. La hipertermia de esfuerzo es un trastorno muy grave y muy mal conocido por el gran público y los propios deportistas.
Algunos consejos preventivos
Llevar un buen sombrero o gorra.
Una buena hidratación previa es indispensable de la misma forma que llevar ropa ligera y adecuada (ropa amplia, de color claro y, si es posible, de algodón).
Beber frecuentemente, aprovechando cada descanso para ingestar 250 ml de líquido, incluso si no se tiene sed: la transpiración es la mejor manera de eliminar el exceso de calor previniendo además los calambres.
Evitar el alcohol y las bebidas con propiedades diuréticas (té, café, ...).
Las personas sujetas a enfermedades crónicas o que reciben un determinado tratamiento deberían consultar previamente a su médico.
En fin, la práctica regular de deportes de resistencia, como las carreras de fondo, es una buena forma de adaptarse
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A 3 000 m la presión atmosférica ha disminuido en un tercio y a 5 800 m es solamente la mitad de su valor al nivel del mar. El número de moléculas de oxígeno ha disminuido en la misma proporción: se está en estado de hipoxia. La manifestación más benigna del mal de montaña podrá limitarse a dolores de cabeza, una disminución del apetito, vómitos o insomnio que aparecerán después de 6 a 8 horas de estar por encima de los 3 000 m. Las formas agudas del mal de montaña son el edema pulmonar y el edema cerebral: la presión aumenta en las arterias pulmonares, la membrana que separa el aire y la sangre se debilita y deja que se infiltre el plasma que invade entonces los alvéolos pulmonares (o las células cerebrales). Se debe bajar a la víctima lo más rápido posible, si no, la muerte puede producirse rápidamente. Las secuelas pueden ser graves. Se pueden producir igualmente edemas en las manos, los tobillos y las piernas, pero son menos graves. El edema desaparecerá normalmente en dos o tres días si no se asciende de nuevo.
Un buen consejo: En la montaña ¡siempre hay que beber mucho!
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Algunos consejos preventivos
Estos males, a veces extremadamente graves, son debidos a una mala aclimatación a la disminución de la presión atmosférica. La rapidez a la que nos habituamos a la altitud depende de los cromosomas de cada uno y no de la técnica alpina. La buena aclimatación requiere un tiempo. Una marcha de aproximación larga la facilita: se ha de contar con 5 días para pasar sin riesgo de 3 000 a 5 000 m.
Ningún medio permite acostumbrarse más rápidamente a la altitud:
Únicamente se pueden mejorar los factores que favorecen una buena aclimatación hidratándose correctamente para impedir que la sangre se vuelva más espesa y favorecer la llegada de oxígeno a las células.
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En la montaña, un descenso de la temperatura es con frecuencia un factor a tener en cuenta en la seguridad. En verano, por ejemplo, un rehielo fuerte asegura la progresión sobre una superficie nevada y limita el riesgo de caídas de piedras. Sin embargo, puede ser peligroso si el equipo individual es insuficiente.
Para el hombre, la sensación de frío es esencialmente función de la velocidad de enfriamiento de la piel. Este enfriamiento depende de varias variables meteorológicas y de su variación.
A saber:
La temperatura disminuye con la altitud aproximadamente 0,6 ºC cada 100 m de desnivel.
La sensación de frío aumenta con el grado de humedad del aire.
El viento, a causa de la evaporación que provoca en la superficie de la piel, es un factor esencial de enfriamiento. Por ejemplo, la sensación de frío será más intensa para una temperatura de 5 ºC con viento que para una temperatura de –5 ºC sin viento.
La hipotermia
La hipotermia es un enfriamiento general del organismo con una disminución progresiva de la temperatura corporal central. Todas las funciones del organismo se ralentizan, provocando primero un debilitamiento de la voluntad, una pérdida de conciencia y, en último término, una parada cardio-respiratoria.
La hipotermia no surge generalmente si no se realiza una exposición prolongada al frío. En ausencia de una protección suficiente, puede agravarse con la presencia de un viento fuerte. La hipotermia afecta sobre todo a los alpinistas perdidos o inmovilizados en una pared durante inclemencias, o atrapados en aludes.
Algunos consejos preventivos
Llevar ropa adecuada a la actividad física y deportiva a practicar y susceptible de adaptarse a las variaciones atmosféricas.
No tomar bebidas alcohólicas, debido a que el alcohol es un vasodilatador que favorece la pérdida de calor en la superficie de la piel.
Tomar bebida caliente de forma abundante.
Tener una alimentación adecuada, hipercalórica (carne seca, tocino, féculas, pasta, frutos secos, legumbres, etc.).
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Las congelaciones se desarrollan insidiosamente: ese es su principal peligro. Pérdida progresiva de la sensibilidad, entumecimiento y palidez
en la zona afectada son señales de alarma que surgen a menudo sin el conocimiento del individuo. Afectan a las extremidades o, de manera más general, a las zonas descubiertas.
Algunos consejos preventivos
Se basan nuevamente en la utilización de ropa que asegure una protección eficaz contra el frío y el viento, el recubrimiento sistemático de todas las partes descubiertas y en la ingestión de bebidas calientes en gran cantidad. En un grupo, es conveniente controlarse mutuamente y de manera regular la nariz, las orejas y las mejillas.
Llevar la ropa o el calzado húmedo (y especialmente ceñido) las favorece, de la misma forma como todo lo que ponga trabas a la circulación de la sangre en condiciones de frío extremo. Se ha de evitar el contacto directo de la piel con cuerpos metálicos fríos.
¿Qué hacer en caso de congelación?
¡Hay sobre todo acciones que no se deben hacer! En ningún caso se debe calentar una zona congelada excepto si se está seguro de que el recalentamiento podrá ser duradero y permanente hasta la llegada de auxilio. La situación más dramática es la “recongelación” de una lesión previamente recalentada. Si se opta por el recalentamiento, éste debe hacerse Correctamente:
Sumergir la extremidad congelada en un baño a 37 ºC añadiendo una solución antiséptica.
Fuente: Guía de Montaña de la FEDME